A veces, tras un tratamiento, puede producirse una sensación de hormigueo. Esta sensación no siempre se limita a las zonas de la piel tratadas, sino que también puede extenderse a áreas adyacentes del cuerpo. El hormigueo puede durar unas pocas horas, pero en algunos casos también varios días, antes de desaparecer por completo.
¿Qué se puede hacer?
- Revisar la terapia: en primer lugar, se debe descartar que el tratamiento haya sido demasiado intenso.
- Ajustar el tratamiento: a menudo ayuda hacer que las sesiones terapéuticas individuales sean algo más suaves.
Esto puede significar:
- Duración más corta del tratamiento
- Intensidad de corriente más baja
- Sesiones más frecuentes, pero más cortas
- Cambio de corriente continua a corriente pulsada
Posibles causas:
El hormigueo puede deberse a una hipersensibilidad temporal de los nervios o, en raras ocasiones, a alteraciones en el sistema nervioso.
¿Cuándo acudir al médico?
Si el hormigueo es intenso, prolongado o molesto, se debe interrumpir la terapia y acudir al médico para que lo evalúe.